Pérdida de audición

Sordera, hipoacusia, discapacidad auditiva...


De repente no oigo.

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Si de pronto notamos pérdida auditiva en un oído puede deberse a distintas razones.

Si la pérdida de audición se produce tras una ducha o baño, es posible que se deba a la oclusión del conducto auditivo por un tapón de cerumen hinchado por el agua.

Si padecemos un resfriado o catarro nasal, es posible que se trate de una tubaritis o una otitis catarral. Algo similar puede suceder por un brusco cambio de presión, como cuando hacemos un viaje en avión.

En otras ocasiones no encontramos una relación causa-efecto, y la pérdida repentina de audición ocurre sin ningún antecedente de los mencionados.

En todos los casos, es aconsejable acudir al especialista sin demora, ya que puede tratarse de una alteración auditiva llamada sordera brusca o súbita.

La sordera súbita aparece en menos de 72 horas, sin un antecedente claro, habitualmente en un oído, y puede acompañarse de ruidos o acúfenos.

Es importante un diagnóstico temprano y un tratamiento precoz para tener más posibilidades de recuperar la audición perdida.

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