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Hiperacusia: cuando el silencio es el mejor remedio

Casi siempre hablamos de los problemas que acompañan a la pérdida de audición. Pero hay uno, y que condiciona de forma dramática a quien lo padece, que se centra justamente en lo contrario: en la amplificación extraordinaria de los sonidos. Es lo que se llama hiperacusia. Cualquier ruido rutinario, como el choque de unos cubiertos, una vivienda en obras, un portazo o el claxon de un coche se convierte en un impacto acústico dramático. El resultado de la hiperacusia es un dolor de cabeza agudo que al final provoca que la mayoría de afectados busque recluirse en casa y aislarse del ruido que le rodea, tal y cómo reconoce Begoña Martín, de la Asociación de Hiperacusia y Trastornos Sensoriales, en este magnífico vídeo de Radio Televisión de Castilla y León.

El primer sitio al que acude alguien afectado por este trastorno es la consulta del otorrino. Sin embargo, tras muchas pruebas, se comprueba que los oídos están perfectamente. Ese es el gran problema de la hiperacusia. Se desconoce qué la causa y por tanto es imposible establecer un tratamiento.

La segunda visita es al neurólogo. El oído es el vehículo transmisor de lo que se genera en nuestro cerebro que, al fin y al cabo, es el que procesa los sonidos que escuchamos. Pero tampoco sirve de gran ayuda.

La reeducación del oído puede ser una alternativa como tratamiento para la hiperacusia. Los pacientes se someten a diferentes frecuencias para acostumbrarse, poco a poco, a los diferentes ruidos. En esa etapa está Begoña, la protagonista del citado vídeo, que desde hace tres años la hiperacusia mantiene más en su casa que fuera de ella.


Fuente: rtvcyl.es