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Niños sin el nervio auditivo consiguen oír gracias a un nuevo implante

La pérdida de audición que padecen la mayoría de personas puede ser parcialmente restaurada a través de audífonos e implantes cocleares. No obstante, estos dispositivos no son eficaces con los afectados por falta de cóclea o nervio del oído. Por eso destacamos hoy el avance logrado en este sentido por un equipo de expertos de la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California (USC), en Estados Unidos, que ha colocado con éxito un implante auditivo en el tronco cerebral de cuatro niños que antes no podían oír, precisamente por falta de nervio del oído.

La activación de este implante, conocido como ABI por sus siglas en inglés, actúa en el niño como la primera vez que un recién nacido oye un sonido. Por este motivo, estos niños necesitarán tiempo para aprender a interpretar lo que están sintiendo a través del dispositivo. Es el caso de la pequeña Angélica, que lloró la primera vez que le conectaron el aparato, asustada por los sonidos. No obstante, cinco meses después, su madre dice que la pequeña usa el lenguaje de signos para identificar algunos sonidos: una tos, el ladrido de un perro y está empezando a balbucear como hacen los bebés con audición normal, mientras los terapeutas le enseñan a hablar.

Este nuevo implante subsana la falta de conexión cerebral con la estimulación eléctrica de las neuronas del tronco encefálico, que sustituye de esta forma al nervio ausente. La persona usa un micrófono en la oreja para detectar el sonido y un procesador lo convierte en señales eléctricas. Estas son transmitidas a un estimulador bajo la piel, que envía las señales por medio de un conducto a los electrodos implantados quirúrgicamente en el tallo encefálico.

En la foto que acompaña a este artículo, originaria de la web de la Escuela de Medicina Keck, aparece Auguste Majcowski, el primer niño en recibir un implante ABI en Estados Unidos.

Encuentra más información sobre los implantes, o haz tus preguntas a un otorrinolaringologo profesional. 
 


Fuente: El Nuevo Herald